En el atardecer de mi vida,
abstraída en el arcón de los recuerdos,
recorre por mi ser agridulces emociones.
Nunca entendí tantos sucesos que viví,
quizá nunca fui un ejemplo a seguir,
pero en toda empresa que me he impuesto
he entregado alma y corazón.
Nadie puede ufanarse que en mi camino
le haya causado algún menoscabo,
por el contrario, siempre he andado
con una sonrisa y un corazón dispuesto
para todo aquel que necesite un consuelo.
No encontré mi ángel de amor ideal
pero si un hombre que me amó de verdad,
no todo el tiempo que hubiera querido
pero así es el amor, como llega, se va.
¡Cuántas almas genuinas he conocido!
me siento bendecida por tanta bondad
gente real y sincera que con un solo gesto da su amistad.
Una sola cosa pido a mi padre celestial,
que nos brinde una renovación total
donde todo vuelva a ocupar su justa dimensión
plagado de armonía, paz y amor.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Nota II